Para convertirte en un buen profesional no basta sólo con ser bueno diseñando: tienes que saber gestionar tu tiempo y tus medios. Existen diferentes tipos de proyectos y cada uno se debe afrontar de forma diferente. Aparte de las cláusulas que se puedan incluir en cada contrato, tomas una actitud con cada tipo. El siguiente texto está basado en mis propias experiencias, en los aciertos, fallos y el ensayo y error de este servidor. Empecemos por el principio, o mejor dicho, los principios.
Principios básicos
Los principios básicos son objetivos que debes cubrir en todo proyecto que realices. Numerados para referencias, sin ningún orden en particular:
- Termina lo que empieces.
- Principio de calidad. Los proyecto que empieces debe terminar con un máximo de calidad, independientemente de otros factores.
- Principio de beneficio. Tus proyectos deben darte un beneficio superior al esfuerzo que inviertas. Piensa que el beneficio no siempre es económico.
- Principio de precio del trabajo. Todo proyecto tiene un precio (ahora sí hablo de dinero) y tienes que conocerlo, tanto para no ir contra la premisa tres como para no cobrar de forma abusiva.
- Principio de “El tiempo es oro”. Tu tiempo es dinero y la cantidad de dinero que hagas en tu tiempo depende de tu productividad.
- Principio de alianza con el cliente. Dentro del proyecto, el cliente juega un papel protagonista. Trata de entenderle a él y su actividad, se consciente de que posiblemente él no entienda la tuya y si es así haz de guía y enséñale. Evita los clientes que te traten como un enemigo.
- Principio del no. No tienes que aceptar todos los proyectos. No tienes que hacer todo lo que te dicen. Tienes que aprender a decir no.
Los proyectos
Ahora que conocemos los principios, es hora de ver los tipos de proyectos y la forma en la que tienes que actuar ante cada uno.
El proyecto fantasma
Es ese proyecto que parece que va a llegar, pero que nunca llega o nunca se acaba. Es una completa pérdida de tiempo y energías.
Cómo afrontarlo: No hay forma de saber si un proyecto va a convertirse fantasma, así que cobra siempre una parte inicial. La excepción es que sea un cliente de mucha confianza.
El proyecto de plazo largo
Pocas veces verás uno de estos. Son proyectos en los que tienes más tiempo del que necesitas. No creo que un cliente te de un plazo largo porque entienda que estás estresado. Lo hará porque no tiene mucho interés o bien falta algún punto importante, como por ejemplo, dinero para llevarlo a cabo.
Cómo afrontarlo: Pide una parte del dinero por adelantado para (por curioso que suene) implicar al cliente. Procura presionar para que el cliente quiera avanzar y aplícate a ti mismo un plazo razonable. No empieces a procrastinar.
Si tus esfuerzos por convertirlo en un proyecto de plazos razonables no funcionan, te aconsejo que lo evites: puede ser un proyecto fantasma.
El proyecto de plazo corto
Los más habituales. Son esos proyectos catalogados como urgentes para los que te dan muy poco tiempo para realizar un trabajo.
Cómo afrontarlo: Si no puedes cumplir con los principios 1 y 2, recházalos. Ten presente el principio del valor del trabajo.
Si tienes la mitad del tiempo para hacer un trabajo, su beneficio debería subir al doble. Si esto no se cumple deberías rechazarlo.
Si aceptas el proyecto incluso en contra del principio de beneficio valora si realmente es urgente para elegir sus prioridad frente a otros.
El proyecto de plazo razonable
Si además está bien pagado, mándamelo
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Ahora en serio. Son aquellos en los que tienes un plazo realista para que realices tu trabajo. Menos comunes que los de plazo corto.
Cómo afrontarlo: Los clientes que dan plazos realistas entienden de que hablan, saben lo que quieren y son buenos clientes. Debes buscar un buen lugar en tu timming para ellos y ajustar el precio del trabajo. Estos sacrificios repercuten en la posterior relación con el cliente.
Otros proyectos
En el siguiente artículo veremos otros tipos diferentes de proyectos y cómo afrontarlos.
Cómo afrontar un proyecto de diseño (I),






